Me siento etérea
y de cabeza
cómo si mí cuerpo
se hubiera despedazado,
pero en alma y espíritu
siguiera entera.
No me canso de cansarme,
soy una redundancia eterna.
Inagotable.
Mí don y mí maldición
la perseverancia.
Me siento etérea
y de cabeza
cómo si mí cuerpo
se hubiera despedazado,
pero en alma y espíritu
siguiera entera.
No me canso de cansarme,
soy una redundancia eterna.
Inagotable.
Mí don y mí maldición
la perseverancia.
A veces el dolor esta ahí, imperceptible.
Cuando menos lo esperas encontras una llave, abrís una puerta y ahí está.
Latente.
A veces quisiera que lo inmodificable deje de doler. Ser por un día como esa gente que ve lo bueno en todo.
No puedo.
El presente no modifica los resultados del pasado, hay dolores que me arden en el pecho y me es imposible borrar.