Agosto... No sos vos. Soy yo...
Es que... Esta relación ya no funciona.
(me gustaría que nos tomemos un tiempo, quizás unos años, unos siglos...)
Agosto... ¿cómo puedo explicarlo?
Son mis ojos, que al verte tan gris y lluvioso se contagian.
Son mis oídos, que se envuelven en el sonido de tus hojas revoltosas y se revolucionan.
Es mi piel, que percibe tu extremo frio y se marchita.
Es mi boca Agosto... Es mi boca que no soporta el gusto intenso del olvido.
Es que... Querido Agosto...
¿Como explicarte esa sensación que produces cuando veo todos esos aromos en flor?
Esa sensación que produce que un millón de estrellas estallen en mi interior dejando millones de hamacas huérfanas llorando.
Esa sensación que producen miles de uñas rasguñando a la vez miles de pizarrones al unísono con una centena de contrabajos rompiendo sus cuerdas dejando en mi interior restos de miles de canciones rotas.
Esa sensación Agosto, esa sensación de nostalgia... que me asquea tanto.
Aunque a pesar de todo me agrada cuando me regalas un día de Sol entre tanto gris, junto a esos atardeceres pintados de rosas, naranjas y violetas. Esos que solíamos compartir abrazados.
Aunque a pesar de todo, me guste el sonido estruendoso de tu viento, ese que hace que cierre los ojos y pueda escuchar tu cálida sinfonía mientras que todo se cubre de naranjas y amarillos.
Y es que la felicidad, esa que tanto busco y tanto se me escapa, la felicidad... debe tener esa mezcla cálida entre naranjas y amarillos que tanto me recuerda a tu rostro, tu rostro vivo...
Y es que la tranquilidad, debe ser una laguna azul y celeste, llena de nebulosas. Es que la tranquilidad, supongo, se debe parecer tanto a tu mirada. Esa última mirada que grabaste en mi memoria.
Y a pesar de todo Agosto, te amo y te extraño.
Hasta siempre.

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