19 noviembre 2019

Amo la arquitectura porteña,
tan llena de contrastes.

Sus muros estan tan llenos de la historia
qué no pudieron ocultarnos
de los incendios, las demoliciones,
la censura y la reconstrucción,
los ideales y la destrucción,
del poder que asfixia
para poder sustentar
su ambición.

Sus cimientos me permiten olfatear
la revolución de nuestros ancestros
y la lucha que nos recorre la piel.

Siento como si hablará
con una anciana
a la cuál las anécdotas
se le derraman
porque no las cuenta
le brotan de adentro,
rabiosas y a borbotones
se escurren entre las fisuras,
entre los tuneles secretos.

Me enseña que el camino es siempre de ida
aún con sus retrocesos.

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