14 septiembre 2015

Mil historias

Vuelven a comenzar, mil historias. Siempre. En la estrella más alta, una hamaca. Llena de estrellas me cubre la noche. En mi interior estalla un Sol enorme, naranja. Me cubre tu sonrisa, mi sonrisa, mi boca sobre tu boca, tu boca en mi cuello... tu boca, no me importa realmente donde. Queda el tinto olvidado entre tus besos, entre tanta mezcla desmesurada de tu cuerpo y el mío. La luz tenue de tu casa, el brillo de tus ojos bonitos, tu mirada... Caen antiguas armaduras oxidadas ¡al fin! Pero nunca es fácil, los vínculos no lo son, la vida tampoco, los caminos van y vienen. Los fantasmas, van y vienen. Entonces... tus silencios, mi verborragia, yo te busco y tu te escapas. Vuelas, alto! Vuelas, pero en tu interior. Entonces, yo poso mis pies sobre la tierra y al fin empiezo a enraizar. La copa de mi árbol empieza a crecer alto... alto... Mi vida entre tempestades, comienza a tomar color nuevamente... y quien sabe, quizás tu barrilete entre sus vuelos fugaces se enrede por un instante entre mis ramas. No lo se, quizás si, quizás no. En lo alto de mi árbol, admiro los atardeceres, el vuelo de los pájaros, su canto, las melodías del viento y las hojas. El Sol me acaricia antes de ir a dormir, me regala su enorme naranja, para luego cubrirme en la noche. Llena de estrellas. Una hamaca, en la estrella más alta. Siempre. Mil historias, vuelven a comenzar.

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