22 septiembre 2015

Pequeño mundo


Se acaba el Invierno, se va... y en mi pequeño mundo, en estas épocas, las cosas se cuartean, se resquebrajan, aquellos antiguos jarrones chinos se parten en mil pedazos, y es que Saturno en estos tiempo ralentiza mi fuego, lo hace más prudente... Pero aún así no puedo dejar de lanzar mis flechas de fuego helado.
 
Entonces el Invierno se despide de mi y sin embargo... esta vez, se acaba, pero no sin dejarme un pequeño regalo, suave, tierno, dulce, exactamente así como lo quería.
 
Como si el Invierno fuera ese
Papa Noel en el que nunca creí,
es como que de golpe se acordó
de mi antes de irse por un año entero
y me trajo los regalos que siempre
quise, todos juntos, encerrados
en un hombrecito.

El último día de Invierno, pasa...
dejando grabado en mis retinas

el mar, el frio, el encuentro,
la charla, las miradas, las risas,
el mate a la temperatura justa,
sus manos suaves y tibias
calentando las mías.

Es entonces que me doy cuenta que...
El tiempo a veces se apresura,
el tiempo a veces se aletarga.
El tiempo a veces esclarece...
El tiempo nos atraviesa,
y ahí estoy yo, inmutable,
amandome u odiandome
siempre centrada en mi
desde mi ego
desde mi yo,
hoy me abro así
como las flores lo hacen
en la Primavera, suavemente,
para aprender desde los demás
y para aprender para los demás.

Para de una vez por todas,
en mi pequeño mundo... dejar de ser solo yo.

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