23 septiembre 2015

Tu propia Babilonia


Y bueno Cintia...
tenemos que hablar.
Vos sabes... Si lo sabes!
Las cosas son así,
no se pueden destruir
esos enormes imperios
que construís en tu interior
como si no fueran nada...
A ver... Te lo repito,
vos sabes bien que cuando
decidís hablarte en segunda persona
es porque no querés hacerte cargo,
y la respuesta es no...


No, no y no.
No podes de golpe,
nisiquiera pensar en
aplastar aquel imperio
con las yemas de tus dedos
seria como meter el dedo
justo en el medio de un hormiguero de hormigas coloradas africanas.
Una locura...
Además fijate bien Cintia,
allá en la punta de la torre
no hay una princesa encerrada
estas vos, que te encerras a vos misma.
Sos tu propia villana.


Así que Cintia... Pensalo bien,
no vas a poder derribar aquel
gigantesco imperio que construiste
tu propia Babilonia, tu propia perdición,
va a seguir ahí, a menos que
decidas darle la espalda para
seguir caminando,
lejos de tu zona de confort.
Eso asusta... pero ahí vas.


Entonces aquel imperio
sin emperador
sin damas atrapadas
sin reinas que lo reinen
sin caballeros que te rescaten,
sin rey, sin lacayos,
sin amor, sin odio,
vacío... ira muriendo
como muere la belleza
un día, cómo en algún momento
el cuerpo se vuelve polvo
y nuestra alma inmutable sigue siendo energía.


Entonces Cintia...
¿le vas a dar la espalda?
O ¿te quedaras mirando una ciudad en llamas hasta convertirte en una estatua de sal?


Entonces Cintia...
¿Te vas a hundir en ese Mar Muerto otra vez?
¿Vas a elegir mirar hacia adelante? o ¿vas a elegir enredarte en tus fantasmas?
Atrás queda tu propia Babilonia...
De fondo...
el coro de tu adolescencia
grita una y otra vez, al unísono,
"Live and let die."




(me despido con este temita)

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