Le pido a mi insomnio que deje de desvelarse, que pare de tanto extrañar...
se pone nostálgico
y tenemos largas charlas.
Nos tomamos un café, nos tomamos de la mano, nos mimamos un rato, nos miramos a los ojos y cada tanto me aconseja que respete mis ganas de dormir,
pero no puedo
¿o no quiero?
Mi insomnio se cree culpable, por no poder obligarme a respetar mi cuerpo, porque soy una fanática de dar látigo y echar culpas, pero la realidad es que yo me lleno de insomnio, porque la noche está llena de silencio y soledad, porque la noche es tan mía, me protege, me acaricia, es tan madre, es tan fría y cálida a la vez.
Y me inunda con su aroma a manzanilla...

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