Naufragar sabe tanto a soledad,
a reencuentro, a silencio, a aprendizaje.
Envueltos en mareas llenas de significados insignificantes.
Todo es mar, mar y profundidad...
Todo se vuelve confusión porque
el Sol calcina nuestros huesos y la sal carcome nuestros recuerdos.
Las mareas son un vaivén que nos acuna.
Pero naufragar nos para frente al espejo, nos recuerda que estaba ahí, todo el tiempo, estaba ahi...
La brujula interna entonces nos invita a escuchar la melodía más hermosa, esa que suena en lo profundo de nuestros mares. Es ahí donde nos encontramos bailando, de forma más comprensiva y bella, amándonos al fin.. perdonandonos desde las vísceras...

No hay comentarios.:
Publicar un comentario