19 agosto 2015

Retratos de mi infancia

 
 Recuerdo en mi niñez, a ese viejito lindo. Siempre arreglando algo (o nada) y cantando algún tango (aunque bueno nunca le pegara al tono). Ese viejito que se acurrucaba conmigo (mientras mirábamos las estrellas) invitándome a soñar, entonces entre mimos y risas me contaba mil historias (algunas un tanto irreales y otras con un toque de picardía) de hamacas en la luna, ciudades entre las nubes, casas hechas con burbujas, gigantes engañados y el infaltable robotín que arreglaba los juguetes de los chicos cuando dormíamos.

 Paso el tiempo y ahora la niña era una adolescente. Entonces con algo de dulzura (y a veces con mucho rompepelotismo) él me levantaba para ir al cole, obviamente con los infaltables calentitos o manzanitas asadas con azúcar. Con ese viejito ahora nos sentábamos a estudiar (ambos siempre con ese hambre de saber) hablábamos de historia, política, matemáticas, física, de todo (menos lengua o catequesis...) y siempre, pero siempre nos íbamos por las ramas, me acuerdo que terminaba contándome historias de cuando era chico en el campo, historias de cuando andaba a caballo y cazaba mojarritas con un lazo, de la vez que atrapó una lechuza y a mi tía Chicha se le escapó, de cuando se fue a vivir a Buenos Aires, la colimba, sus trabajos, la fábrica, el sindicato y tantas cosas más. Siempre sabio, lindo y anecdótico. Y a veces (muchas) enojado con algunas de mis decisiones. Siempre explicándome que mi amor a la libertad me iba a traer problemas, pero bueno como dice el dicho… sarna con gusto no pica.

 Sigue pasando el tiempo, y ahora le cuenta estas historias a sus nietos, mostrándoles (capaz sin saberlo y tal vez sin que ellos se den cuenta) un mundo en el que la base son los sueños. Todos esos sueños que tenemos cuando somos chicos, todas esas ganas de dar un salto y alcanzar con nuestras manos una estrella, toda esa imaginación de la que parten nuevas realidades.

 Por eso hoy recuerdo... como mi mente volaba, como cada imagen se dibujaba en mi cabeza y lo hermoso de poder abstraerse de esa forma imaginando miles de universos paralelos y posibles. Hoy le doy las gracias, ya que todas esas ganas, de seguir, de luchar y en especial de soñar se las debo a él.

Siempre en las estrellas de mi alma va a estar él y en alguna de ellas seguramente va a haber colgada una hamaca...


 Aclaro para los que no saben, Robotín era un juguete mío (que yo atesoraba mucho) se trataba de un pequeño y apenas articulado robotito de metal, que siempre protagonizaba cuentos de mi papá. Y los calentitos en mi léxico son igual a pan tostado con queso derretido hechos en una parrigas.

( 6 de Abril 2011, mi papá falleció el 9 de Agosto de ese año, nunca llegué a leerle este texto, pero siento que él sabía más de lo que yo creía)

 

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